Datos maestros del mundo local: qué son y para qué sirven
En muchos ayuntamientos, especialmente en los más pequeños, el día a día funciona gracias al conocimiento y experiencia de las personas que trabajan en él. Alguien sabe...
Una notificación que no llega porque la dirección no es correcta. Una persona que aparece duplicada en dos registros municipales. Un expediente que cuesta localizar porque no se ha clasificado correctamente. Un equipamiento que consta como activo, pero que lleva tiempo sin prestar servicio. Un dato económico que no cuadra entre dos informes.
Son algunas situaciones a veces habituales en la administración. No siempre hacen ruido, no siempre tienen impacto en la ciudadanía ya menudo se resuelven con esfuerzo manual, llamadas, comprobaciones y mucha experiencia del personal municipal.
Pero todas tienen algo en común: detrás existe un problema de calidad de los datos.
En publicaciones anteriores hemos hablado de por qué hay que gobernar los datos, de la importancia de gestionarlos bien, saber qué datos tenemos y describirlos con metadatos. El siguiente paso es igualmente importante: asegurar que estos datos son suficientemente fiables para el uso que queremos hacer.
Un dato incorrecto no es sólo un error en una base de datos, sino que puede acabar generando un mal servicio público.
Cuando hablamos de calidad de los datos, no hablamos de perfección absoluta. Hablamos de algo más práctico: que los datos sean adecuados para el uso que el ayuntamiento necesita hacer.
Un dato puede ser suficiente para un uso interno orientativo, pero no ser lo suficientemente bueno como para hacer una notificación formal, conceder una ayuda, publicar información en la web municipal o construir un indicador de gestión.
Por ejemplo, una dirección escrita de forma aproximada puede servir para que alguien del municipio identifique una zona, pero puede no ser vàlida para enviar una notificación electrónica o postal. Una lista de actividades puede servir para preparar una agenda interna, pero si no está actualizada puede generar confusión al publicarse en la ciudadanía. Una relación de equipamientos puede parecer correcta, pero si no indica quién los gestiona, qué servicios ofrecen o están abiertos, puede ser poco útil para planificar.
Por tanto, un dato de calidad es un dato que es correcta, completa, actualizada, coherente, comprensible, única cuando es necesario que lo sea, y útil para la finalidad prevista. Dicho de forma sencilla: un buen dato es aquel en el que podemos confiar para trabajar mejor.
En un ayuntamiento es habitual pensar que la calidad de los datos depende del programa informático o del proveedor. Y es cierto que las herramientas pueden ayudar mucho: pueden validar campos, evitar duplicados, normalizar formatos o generar avisos. Pero la calidad de los datos no es sólo responsabilidad de la tecnología.
La calidad comienza en el momento en que una persona introduce, modifica, interpreta o reutiliza una información. Por eso afecta a padrón, registro, secretaría, intervención, urbanismo, servicios sociales, atención ciudadana, cultura, deportes, policía local, archivo, gestión documental y cualquier otro servicio municipal.
Si cada servicio registra la información con criterios distintos, si no está claro quién debe actualizar un dato, si nadie revisa los errores recurrentes o si no se documentan los significados, la tecnología por sí sola no resolverá el problema.
La calidad de los datos es una responsabilidad compartida, asumible, práctica y proporcional.
Los problemas de calidad de datos suelen aparecer en formas muy concretas.
Estos problemas tienen consecuencias. Hacen perder tiempo, generan desconfianza, dificultan la coordinación interna, complican la transparència y pueden afectar directamente a la ciudadanía.
La calidad de los datos no es una cuestión interna sin impacto. Tiene efectos directos sobre la forma en que el ayuntamiento presta servicios.
La ciudadanía no ve "problemas de datos". La ciudadanía ve notificaciones que no llegan, trámites que se alargan, falta de coordinación interna, información contradictoria o servicios que no responden bien. Por eso, mejorar la calidad de los datos es mejorar el servicio público.
Un ayuntamiento no puede revisar todos los datos con igual intensidad. Tampoco es necesario hacerlo. La clave es priorizar. Hay datos que son más críticos porque afectan a derechos de la ciudadanía, trámites esenciales, obligaciones legales, servicios sensibles o decisiones importantes. Estos datos deben tener más control.
Por ejemplo, los datos del padrón, los datos económicos, los datos vinculados a servicios sociales, los datos de expedientes administrativos, los datos de notificación o los datos necesarios para la transparència pueden requerir mayores garantías que otros datos de uso más interno o informativo.
La calidad de los datos debe gestionarse con criterio de riesgo y valor público.
Esto significa hacerse preguntas simples:
Estas preguntas ayudan a decidir por dónde empezar.
Uno nos puede empezar a mejorar la calidad de los datos sin grandes proyectos ni herramientas sofisticadas, mediante los siguientes pasos:
Estas acciones son sencillas, pero tienen un efecto importante: reducen dependencias, mejoran la confianza y hacen que la información sea más útil para todos.
Cada vez más ayuntamientos quieren disponer de indicadores, cuadros de mando, datos abiertos o herramientas de inteligencia artificial.
Es una buena dirección, pero es necesario tener presente una idea básica: si los datos de donde se parte no son fiables, los resultados tampoco lo serán.
Por eso, la calidad de los datos no es una tarea posterior. No es una revisión final. Es una condición previa para poder generar conocimiento fiable.
Antes de preguntarnos qué indicador queremos, cabe preguntarse si los datos que lo alimentan son suficientemente buenos.
La calidad de los datos está muy relacionada con los pasos compartidos en artículos anteriores.
Son tres piezas conectadas.
Por eso, un modelo de gobierno de datos debe integrar inventario, metadatos y calidad como parte de un mismo proceso.
La Red de Gobiernos Locales Inteligentes quiere aportar valor a través de sus grupos de trabajo, ayudando a definir un modelo de gobierno común de datos para el mundo local. Este modelo debe ser sencillo, práctico y adaptado a la diversidad de los entes locales.
En el ámbito de la calidad, la Red quiere establecer criterios compartidos sobre qué datos son prioritarios, qué controles mínimos deben aplicarse, qué indicadores de calidad pueden ser útiles y cómo detectar problemas habituales.
También quiere ayudar a definir modelos comunes de responsabilidad: quien valida un dato, quien lo mantiene, quien detecta incidencias, quien los resuelve y quien decide si un dato es apto para un determinado uso.
La calidad de los datos puede parecer una cuestión interna pero tiene un impacto directo en la ciudadanía.
Cuando los datos son mejores, los trámites pueden ser más ágiles, las notificaciones más fiables, los informes más útiles, los servicios mejor planificados y la transparència más comprensible.
Mejorar la calidad de los datos no significa hacerlo todo perfecto. Quiere decir empezar a reducir los errores que más afectan al funcionamiento municipal y al servicio público.
No se trata sólo de tener datos. Se trata de poder confiar en ellos.
Porque cuando un dato es fiable, el ayuntamiento puede decidir mejor. Y cuando el ayuntamiento decide mejor, la ciudadanía recibe mejor servicio.