¿Puede la IA “arreglar” la Administración? La respuesta es no

Facebook Facebook Facebook Facebook Compartir

La creencia de que la Inteligencia Artificial (IA) puede abordar las complejidades de casi cualquier problema es atractiva y ha ganado muchos adeptos últimamente, a raíz de la aparición de la IA generativa, que hace cosas con una facilidad que hasta hace poco era inimaginable.  

Sin embargo, esta perspectiva pasa por alto un punto crucial: la tecnología de la IA es simplemente una herramienta, no una solución en sí misma. Aunque la IA puede mejorar de forma espectacular la eficiencia, no puede resolver las complejidades humanas y organizativas que constituyen el problema fundamental de la Administración pública. 

Como Jim Collins subraya en su extraordinario libro "Good to Great", las organizaciones de éxito no se deslumbran por las tendencias tecnológicas de moda. Primero definen de forma clara su misión, entienden los factores esenciales de los retos y crean equipos con el talento adecuado utilizando la tecnología como catalizador de la transformación. Este principio se aplica a la Administración. 

A pesar de los avances tecnológicos significativos de los últimos 20 años, incluyendo internet, teléfonos móviles y redes sociales, los cimientos de las estructuras y culturas de la Administración se han mantenido y han demostrado ser extraordinariamente resistentes al cambio. Desgraciadamente, con demasiada frecuencia hemos digitalizado antiguos procesos obsoletos, en lugar de repensar el sector público para ofrecer servicios realmente innovadores y centrados en el ciudadano. Debemos ser conscientes de que si no se acompaña de una transformación organizativa profunda, la IA puede añadir otra capa de complejidad sin crear un valor público sustancial. 

Muchos retos del sector público, como una regulación ineficiente, estructuras hiperburocráticas, culturas organizativas que desincentivan, falta de evaluación de impacto y dificultades para atraer al talento, son problemas fundamentalmente humanos. 

Sin duda, la IA es una herramienta extraordinariamente potente para mejorar la eficiencia en ciertas áreas, pero tiene limitaciones inherentes. Por ejemplo, las soluciones de IA generativa no entienden sus acciones, carecen de la comprensión del significado detrás de las palabras: no son inteligentes en ningún sentido profundo, ni tienen empatía, ni emociones (al menos con los modelos actuales). 

La IA generativa es una herramienta avanzada que predice la siguiente palabra en una frase en base a la gran cantidad de texto que ha procesado, que incluye casi todo internet. Esencialmente opera como una calculadora muy sofisticada, adivinando la palabra más probable en lugar de comprender realmente su significado. 

Por tanto, la IA es incapaz de promover valores públicos, negociar compromisos, construir consensos o generar confianza. Tampoco puede proporcionar un liderazgo inspirador, animar con un proyecto colectivo, gestionar el cambio estratégico, facilitar la transformación cultural o diseñar servicios empáticos centrados en la ciudadanía. Todas estas responsabilidades son inherentemente tareas de las personas. 

En resumen, no deberíamos delegar nuestras responsabilidades humanas esenciales en las máquinas. Debemos apoderar a los servidores públicos con las herramientas adecuadas, incluida la IA, para promover gobiernos más eficientes, amables y centrados en las personas. 

Referencias: 

Publicado un